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La paternidad, un gran reto

Foto subida por Jenny

Uno de los mayores desafíos que enfrentamos los padres hoy es formar a los hijos en una familia en la que la organización jerárquica es muy distinta a aquella en que crecimos. Los días en que los niños le obedecían a los adultos por el sólo hecho de ser mayores "en edad, dignidad y gobierno" quedaron atrás. Hoy reina la democracia que pregona la igualdad, y por ello la estructura de mando en la sociedad -- y por ende en la familia --ya no es de superiores a inferiores sino de igual a igual. Esto significa que hoy debemos ganarnos la autoridad, no sólo porque ser personas dignas de admiración y respeto, sino por ser las más autorizadas e idóneas en la formación de nuestros hijos.


Si bien todo esto es una ventaja para los hijos, para los papás su crianza constituye un desafío mucho mayor. Este cambo hacia la igualdad, sumado a que estamos frente a unos hijos más poderosos y beligerantes, hace que los menores se crean iguales (o a menudo superiores) a los mayores. No cabe duda que los niños hoy son más despiertos, saben más y se expresan mejor de lo que lo hicimos nosotros a su edad.

De tal manera que, como muchos padres sienten que ya no tienen ningún dominio sobre sus hijos, tratan de ganárselos poniéndose a su mismo nivel para convencerlos "por las buenas" de que sigan sus instrucciones. En el intento de acercarse más a los niños se están igualando a ellos, al punto de que muchos ya no parecen sus papás sino sus hermanos ligeramente mayores.


Lo grave es que los niños de hoy ya no "tragan entero" y no se dejan conducir por quienes ven que están tan perdidos como ellos. Así, no sólo se están quedando sin modelos a seguir sino también sin quién les establezca los parámetros de lo que deben y no deben hacer.
Los hijos nos tienen que admirar para poder influir en ellos en un mundo en tinieblas cuando más precisan de la guía de sus mayores. Para eso tenemos que ser y parecer personas cuya forma de pensar, lucir y actuar mueva a los hijos seguir nuestras recomendaciones porque nos respetan profundamente y quieren ser como nosotros. Y la única forma es teniendo la sensatez y estabilidad que nos haga merecedores de su admiración.
Debido a que a los niños les está tocando crecer en un mundo en tinieblas, en el que reina el cambio y la confusión, la paternidad es un reto más difícil que nos exige revaluarnos para estar seguros de que somos adultos dignos de ser considerados como tales por nuestra integridad y sabiduría. Hoy más que nunca los hijos precisan de padres que no estén empequeñecidos por su inmadurez y sean como luces incipientes colocadas a ras de tierra, incapaces de mostrarles hacia a dónde van en el camino de la vida.

Tenemos que tener la entereza necesaria para ser como faros colocados en lo alto de manera que nuestra madurez ilumine la totalidad de su sendero y les permita andar seguros hacia la cumbre de su propia madurez.
Por Angela Marulanda

Los niños: Presa fácil





















En la Biblia también fueron blanco del enemigo, murieron miles cuando nació el libertador de los judíos, Moisés. También hemos leído como hombres y mujeres desnaturalizados asesinaron a millones de niños para ofrecerlos a dioses falsos.

Aún cuando nació Jesús, los niños fueron también presa de la envidia, del temor y de la maldad del corazón de un rey. Hoy, en este siglo, siguen muriendo niños, los propios padres y madres se han vuelto en cómplices asesinos, matando día a día a muchos niños en todo el mundo a través del aborto. En Perú la cifra es alarmante, aproximadamente se realizan 400,000 abortos al año.

Los niños siguen muriendo, siguen siendo amenazados, siguen siendo presa fácil. Y muchos más siguen muriendo por maltratos, violaciones. Otros siguen viviendo, pero como muertos, porque sus corazones ya no pueden aguantar más.



Todos los días encontramos noticias acerca de los abusos cometidos a los niños por adultos. Ya ni llama la atención, es el pan diario. Nos conmueve por un momento, pero las ocupaciones diarias nos hacen olvidar aquel dolor. Hoy leía una triste noticia, una más de aquellas, donde los niños son parte. El director de un colegio primario en México, aprovechando su posición, está amenazando a los niños de una iglesa Metodista, con quemarlos con velas y focos encendidos si continuan asistiendo a los servicios religiosos de esa denominación. La persecusión también ha llegado a ellos.

Los apóstoles, mismos guardaespaldas, trataron de alejar a esos chinchosos niños, gritones y berrinchosos, laberintosos y sudorosos, por momentos amorosos y cariñosos, siempre frágiles y tiernos, del deseado Jesús, con reprimendas a aquellos que los presentaban. Jesús en lugar de felicitar el buen trabajo de sus seguidores, se indignó, tomó a los niños y los bendijo, el Reino de los Cielos era para ellos.

Pero todos sabemos la historia. La típica historia y versículo lema de las escuelas Dominicales o para niños en el mundo entero. Pero seguro, Jesús seguirá indignándose de nosotros, porque aún les hacemos difícil el camino para llegar a El. Es muy fácil repetir este famoso versículo, o historia, pero cuesta ponerlo en práctica. Tantas barreras, tantas formas impuestas sobre ellos, tanta presión a ser perfectos... pero Jesús... Jesús hizo el camino fácil, no lo compliquemos.
Dios tú sabes, quiero levantarme cada día por tí, y ser una voz entre pocas voces, en favor de aquellos que se han convertido en presa fácil, los niños. Sin duda siempre habrá trabajo en esta área, no sólo en Perú, también en todo el mundo.

Foto Jenbell.

Escondiendo examenes


Quién no ha escondido exámenes mientras estaba en el colegio? Quizá no todos, pero yo sí. Pero también recuerdo como enseñaba y me jactaba de las buenas notas. Al parecer la historia se repite cuando tenemos hijos.

Esta semana en el escritorio de mi hijo aparecieron exámenes, aparentemente escondidos por una mano siniestra. Usualmente sus bajas notas son 14, 15 y no siempre saca esas bajas notas (aquí en Perú se evalúa sobre 20) pero esta vez tenía 10, 11. Lo curioso es que estos últimos días él venía contento diciéndonos que se había sacado buenas notas y nos las mostraba, también venían felicitaciones en la agenda, y por eso pensábamos que todo estaba bien. Pero no, las cosas no estaban bien, se había atrasado algunos cursos por estar haciendo no se que durante la clase, no cumplió con una tarea importante por estar tomando fotos en un paseo y ahora estaba en problemas. La verdad saldrá a luz cuando entregen la libreta de calificaciones en las próximas semanas.

Cuántas veces nosotros también, al igual que mi hijo, hemos andado como que si todo estáuviera bien en nuestras vidas, cuando la realidad era otra? Cuántos nos hemos engañado y hemos engañado a otros fingiendo alegrías por las cosas buenas cuando sabíamos que teníamos escondido en nuestro cajón todo lo malo?

Entiendo la preocupación de mi hijo, él sabía que no nos ibamos a alegrar por las malas notas, pero todo tiene una explicación, las cosas se pueden conversar, si es necesario un castigo se le daría, pero si no creíamos conveniente no. Podríamos ayudarlo y ver en que estaba fallando. Pero no, él sacó sus propias conclusiones y prefirió vivir engañado y engañarnos, la consecuencia a esto sería peor, porque mintió.

Y lo mismo sucede con nosotros a veces, preferimos seguir así por temor a las consecuencias, o por el concepto errado que tenemos de Dios o por la falta de muestra de amor de los que nos rodean.
Y vivimos mintiendo, engañando y engañandonos, y nos olvidamos lo que nos dice Dios en su Palabra: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hb 4:16

No escondamos, no guardemos, seamos libres y presentemos a Dios todas nuestras culpas, nuestras cargas, nuestros pecados y hallaremos oportuno socorro, la ayuda que necesitamos en el momento indicado. Mi hijo está aprendiendo una gran lección y de cada situación diaria podemos aprenderla nosotros también.


Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén

Las mujercitas con su papá

Mientras esperaba mi turno para comprar las agendas escolares en el colegio, un padre de familia le llamaba la atención a su niño por pegarle a su hermanita. La niña estaba aburrida esperando que atiendan a su papá, el niño por otro lado parecía entretenerse fastidiando a su hermana menor. Pasaban los minutos y el papá se impacientaba, los niños jugaban alrededor de él, seguramente lo estaban desesperando.

El papá tuvo que ir con su hijo al baño para probarle el uniforme del colegio, al salir se dio cuenta que su hijita no estaba. Gritó su nombre tan fuerte como para que lo escuche todo el colegio. Fue a su encuentro y la sujetó nuevamente. Dónde estaba el niño? ni idea! Seguro el papá pensó que su hijo era lo suficientemente macho como para cuidarse solo.

Los niños y las niñas desde muy pequeños aprenden a relacionarse con personas del sexo opuesto, a través de modelos que ven en su casa, colegio, iglesia y la televisión. Así, por ejemplo, aprenden que los hombres no deben expresar sus sentimientos porque es una muestra de debilidad, que deben ser fuertes, rudos, independiente, valientes, etc... Por otro lado las mujeres aprenden que ellas si pueden expresar sus sentimientos y ser unas lloronas, y que a ellas les corresponde la labor de la casa, la crianza de los niños, también deberían ser dependientes, cariñosas, sumisas, etc

Por tal motivo nuestros niños aprenden mal, y la historia se repite. Tanto niños como niñas, necesitan del cuidado, respeto y amor de sus padres y de los adultos en general. Si entendemos que para Dios no hay diferencias, podremos también dejar de hacerlas. En cada momento enseñamos, no sólo necesitamos decir como hacer las cosas, basta con que nos vean como las hacemos.

Reggaetoneando

Mientras estabamos en la pequeña sala con un fondo musical suave, los niños iban llegando. Las edades fluctuaban entre 8, 9 y 10 años. Conversaban, se reían, se miraban, la cumpleañera abría los regalos emocionada y agradecía por ellos. Todo estaba tranqui si no fuera por el "guachimán" que no dejaba agarrar ni un chizito de la mesa, y que ganas tenía de comer uno. De pronto hubo un poco de bulla porque llegó "la tía", una señora que al parecer estaba por los 40 y algo pero trataba de aparentar menor edad. Miró a todos los niños y animó a la dueña del cumpleaños a que cambiara de música. para bailar.
La niña no se inmutó y no lo hizo, todo continuó igual. Desde nuestro lugar en la pequeña sala, mi hija y yo observábamos tranquilamente. Al ver como transcurría todo, le dije a mi hija que iba a la casa y al rato venía a recogerla. Ella lo dudó pero dijo que si. A los pocos minutos de haber entrado en mi casa, se escuchó el timbre, era mi hija, y me dijo: Mamá "la tía" ha dicho que si no bailamos, no comemos - en realidad mostraba preocupación. Yo le dije que no le haga caso, que sólo está intentando que los niños bailen, pero nadie quiere hacerlo. Regresó al cumpleaños y a los pocos minutos mi casa empezó a estremecerse por la música, era reggaetón en su máxima expresión, pum, pum, pum. Mi esposo me miró y me dijo: Ahí está nuestra hija? - asentí con la cabeza - mejor ve por ella me dijo.
Cuando entré a la fiesta casi todos los niños estaban reggaetoneando con "la tía" como anfitriona, los niños bailaban como lo ven a hacer a sus artistas en la tele, moviendo sus cuerpos, uno que otro sensualmente y por ahí un par coqueteando (sí estoy hablando de niños) Busqué entre los niños y encontré a mi hija sentada en una silla. Su amiga le insistía que baile reggaetón con ella, pero ella le decía que no quería. Al parecer la tia tenía razón: El que no baila no come, mi hija salió sin comer torta y sin poder acercarse a la mesa por el mini guachimán.
De hecho si el reggaeton se bailara como Alan García lo demostró hace ya un buen tiempo no estaría de moda (hasta ahora pienso porque tuvo que exponerse de esa manera) Pero la característica de este baile es la sensualidad, la sensualidad al mover las caderas, la cintura, la sensualidad al mirar, es un baile provocativo. Y ver a esos niños bailándolo no puede más que causarme dolor en el corazón.
No se si tendrán o no conocimiento de lo que hacen, pero ya a su corta edad, son sensuales, coquetean mientras bailan, (con o sin conocimiento? pura imitación?) miran seductoramente, pero a la vez siguen siendo niños. No podemos esconder a nuestros hijos en bolas de cristal tratando que no tengan contacto con el mundo y con todo lo que viene con él, Juan 17: 15, No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. Podemos guardarlos, teniendo cuidado a donde los llevamos o permitimos que vayan, o lo que ven o lo que escuchan. Ellos estarán en este mundo siempre, deberán aprender a vivir en medio de tentaciones y pruebas. Con toda seguridad ahora voy a pensar dos veces si dejo a mi hija sola en alguna reunión como esta. Al fin y al cabo sólo nosotros los padres daremos cuenta a Dios por como criamos e instruimos a nuestros hijos.

No soy de piedra

 
Muchos de nosotros tal vez hayamos crecido creyendo que solamente las mujeres deben ser tiernas y cariñosas, que sólo ellas pueden ser sensibles, negando este don tan apreciado a los hombres. Lo cierto es que ellos también pueden y deben comunicar su aprecio, amor y placer a través de ese lenguaje sin palabras, desarrollando así la capacidad de sentir y expresar sus emociones.
Como en nuestra cultura existe la creencia según la cual las mujeres son más sensibles y emotivas y que los hombres son más racionales y "fríos" (nervios de acero), a ellas se les asigna el rol de dar afecto y las tareas de cuidado o protección a los varones. En base a este errada creencia muchas familias suelen educar a niñas y niños desarrollando más en las niñas el aspecto emocional y en los niños el racional, estimulando en las niñas la expresión de sus emociones y afectos y reprimiendo éstos en los niños.


Al educar de este modo estamos limitando en los niños la posibilidad de mostrar sensibilidad y ternura, eliminando así una parte importante de su ser, limitándolos en la expresión y aceptación de sus sentimientos, creándoles dificultades para ser empáticos y para que puedan disfrutar de su rol de compañero e inclusive puedan gozar de su paternidad plenamente, sin sentirse presionados a ser fuertes.....


En la Biblia encontramos numerosos pasajes que hablan de las formas en que hombres y mujeres expresan sus emociones. Por ejemplo, aquel en que se menciona a José y María buscando con angustia a Jesús por tres días (Lc.2:46-48) Esta pareja piadosa expresó sus sentimientos verbalmente (no los reprimió para tener luego resentimientos o dolores de cabeza), por ello es bueno que Dios nos ha hecho con sentimientos (alegría, tristeza, miedo, ira y amor). también vemos en Génesis que Adán y Eva recibieron el encargo de gobernar la tierra; esto nos muestra que ambos tienen capacidades y habilidades para cumplir esta tarea.


Fuente: Hablemos de sexo con los niños y las niñas, Roger Mendoza.
Foto exitthroughthedoor

Padres: Educadores en sexualidad

Los valores que aprende el niño/a y las formas de interacción con personas del sexo opuesto van "enseñándoles" una forma de vivir la sexualidad; así por ejemplo, aprenderán a ser solidarios o egoístas con su pareja, a tener en una situación de completa humillación a su esposa, o a amara como Cristo lo hizo con la iglesia, para obtener la sujeción de ella, entendiendo también que la sujeción es mutua (Ef. 5:12). Está demostrado a través de numerosos trabajos de investigación que cuando los padres son la principal fuente de educación sexual, los hijos son menos propensos a dedicarse a actividades sexuales. De igual forma una relación armoniosa y estrecha entre las hijas y sus más reduce las probabilidades de actividades sexuales prematrimoniales por parte de las hijas. Por el contrario una relación hostil, tensa entre padres e hijos incrementa la posibilidad de embarazos en adolescentes... estas razones nos llevan a decir que los padres y la familia en general influyen significativamente en el comportamiento sexual de los hijos. Por tanto los padres, tienen una gran responsabilidad en esta tarea... En la familia aprende muchas de las actitudes de los padres hacia la sexualidad. Aprenden que el sexo es un mito, un tabú del que no se puede hablar y lo lamentable es que aprenden que el sexo en si mismo es malo, desagradable... A lo largo de la vida de los chicos, desde que nacen hasta la adolescencia los padres dan información distorsionada, como el cuento de la cigüeña; les dicen a sus hijos que ellos no están en edad para aprender esas cosas, etc. Es más, muchos padres piensan que eso no es normal, que si su hijo hace esa "clase de preguntas" es porque es muy precoz, es porque es "mañoso"... Es en la familia donde el niño aprende muchas cosas que le servirán para su vida futura, para cuando el forme también una familia. Son los padres y las personas que con él o ella viven, los que se encargan de transmitir los valores de su cultura y sociedad, valores como el amor, la sinceridad, la esperanza, o por el contrario el odio, el engaño, la mentira, la desesperanza, etc... Así pues, los padres se constituyen en los primeros educadores en sexualidad: Lo que digan o no digan, lo que hagan o dejen de hacer, constituye una eficaz forma de educación sexual...

Referencia: Hablemos de sexo con los niños y las niñas-Familia, sexualidad y género. Psic. Roger Mendoza

Afectos y Sexualidad

En su libro Hablemos de Sexo con los niños y las niñas, Roger Mendoza añade unos artículos al final del cada libro para reforzar la enseñanza de los maestros o padres en cuanto al tema de la sexualidad. Transcribo parte del artículo Afectos y Sexualidad ya que me pareció muy interesante y práctico para los padres. Además es algo que muy pocas veces se hace en las familias.

Afectos y Sexualidad
Por Psic. Roger Mendoza
...la vida conyugal no se va a trabajar con los niños, pero apuntamos a educar en sexualidad, formando entre otros aspectos la afectividad; que los niños vean con naturalidad, expresiones amorosas de tórtolos enamorados en sus padres, como modelos que irán almacenando en sus esquemas mentales, los cuales posteriormente reproducirán de adultos.... Las caricias físicas, una forma de expresar afecto, producen una sensación de bienestar en las personas y de hecho son conductas con que se transmite amor. Lamentablemente en nuestro medio hemos sexualizado las caricias físicas, al punto que para muchas personas, fuera de todo contexto de intimidad sexual, éstas no se expresan; de allí que para muchos padres el haber sido sorprendidos por sus hijos cuando se brindan caricias físicas significa haber sido sorprendidos en un acto sexual. Si hemos de educar en sexualidad no limitemos el afecto, el abrazo o las caricias en la mejilla solamente a las relaciones sexuales. Entendamos que ellas expresan amor, que brindan un sentimiento de seguridad emocional, similar al que se desarrolló entre el niño y su madre... Que los niños se habitúen a esta forma de relación entre sus padres les proporcionará estabilidad emocional y lo más importante es que irán desexualizando las caricias físicas en todo vínculo afectivo, aprenderán que los abrazos que se prodigan sus padres y mucho mejor si van acompañados de expresiones verbales que elogian características de él o ella, como decir que es un buen esposo o una bella esposa, son una muestra de ternura y de amor...


Hablemos de sexo con los niños y las niñas - mujer y hombre creados para ser compañeros
foto Gabrielin

Devocional con los niños

Cuando queremos compartir con nuestros hijos la Palabra de Dios no siempre sabemos como o de que manera hacerlo, y al final terminamos dándoles interminables sermones que no llegan a comprender. Pensamos que los devocionales con nuestros hijos deben ser un mini servicio como en la iglesia, hablamos, hablamos y hablamos y no dejamos que nuestros hijos pregunten u opinen.

Usualmente cuando comparto el tiempo devocional con mis hijos, suelo usar de partida situciones que hayamos vivido, una experiencia personal, siempre tomamos uno o más versículos o la clase del domingo en la Escuela Dominical. Me gusta que ellos participen, hablen, opinen, cuenten sus experiencias, etc. También tomamos tiempo para orar, me gusta escuchar sus oraciones, son de mucho ánimo. Al principio pensé que sería complicado, pero no, es un buen tiempo y lo disfrutamos, es un refrigerio. Te animo a que te tomes un tiempo para disfrutar con tus hijos en la presencia de Dios, seguro te sorprenderás de lo que Dios puede hacer en esos momentos.


Si no eres creativo y necesitas ayuda extra, te recomiendo dos páginas,
Mensajes para niños
Kids Sunday School Place
Ahí encontrarás ideas, ayudas, páginas para colorear, historias, crucigramas, enseñanzas. Espero que te sean útiles!


Foto berenyce123

Mentiras! que gran problema!

Flo, es una mosca mentirosa que ha hecho algunas promesas que no puede cumplir y están a punto de sorprenderla en su mentira. Tomado de proverbios 19:5, que dice que nadie escapa de una mentira; Flo, se propone enseñar a los niños, por medio de situaciones graciosas y canciones, la importancia de decir la verdad. Además de no inventar mentiras, los niños serán retados a no actuar como el cuento del lobo y ni siquiera a adornar un poco la verdad para hacerles lucir mejor. Recuerdo que compre el DVD Flo la mosca mentirosa, como una herramienta más, para enseñarles a mis hijos acerca de la verdad y mostrarles como la mentira siempre tiene consecuencias.


Lamentablemente en estos tiempos mentir es parte de la vida diaria de muchas personas. Las llamadas "mentiras blancas o piadosas" son permitidas porque usualmente se usan para no herir a una persona, para salir bien librado de una situación, para ayudar a tu prójimo, para recibir un beneficio, etc. Pero que falso que es eso. Veamos que dice la Biblia sobre las mentiras en general, porque Dios no las clasifica por rango. Y llama a todo el que miente, mentiroso.


Proverbios 6:16.19, Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos.Proverbios 19: 5, El testigo falso no quedará sin castigo, Y el que habla mentiras no escapará.
Si hay algo que debemos enseñar a nuestros hijos, es a decir la verdad siempre y no mentir. Primeramente debemos enseñarles quien es el que nos enseña a no mentir y firmó con su nombre ese mandamiento. También debemos enseñarles con nuestro ejemplo, ya que en muchos hogares la mentira es el plato principal de todos los días. Debemos enseñarles las consecuencias de la mentira, qué sucede cuando uno miente, tarde o temprano uno cosechará lo que sembró. Enseñarles con versículos bíblicos el fin de los mentirosos y quien es el padre de mentira.


Pero si mi hijo(a) miente constantemente qué puedo hacer? Si le han enseñado qué es la mentira y sus consecuencias, si en casa no ve el mal ejemplo, entonces debemos empezar a poner castigos como consecuencias a la mentira. Es muy fácil que un niño(a) se acostumbre a mentir, porque seguro en una primera ocasión le funcionó. Pero nosotros como padres no podemos permitir que se les haga costumbre, debemos serles estorbo, aquello que no hizo Eli con sus hijos, y ya vieron ustedes el fin de ellos. Según la edad de los niños y según la magnitud de lo sucedido debemos aplicar el castigo y la disciplina, y no me refiero al uso de la vara, que por su mal uso no trae los beneficios deseados, sino me refiero al hecho de abstenerlos por un momento o el tiempo que usted crea conveniente algo que les guste hacer mucho, para que en ese tiempo evalúen, piensen en lo que han hecho, ustedes puedan hablar con ellos y enseñarles. La idea es poder llevar al niño a reconocer su falta y pecado, que reconozca que hizo mal y que debe pedir perdón a Dios y a los afectados. Mostrarles las consecuencias de sus acciones, que no sólo le afectan a él, sino a los que lo rodean. No es fácil, cada niño es tan diferente, quizás alguno no aguante más y llore avergonzado pidiendo perdón, otro puede demorar más en reconocer su falta, algunos otros no darán su brazo a torcer, y son con ellos, que necesitamos ser sabios, porque a veces nos tomarán horas, y eso lo digo por experiencia.

Pero algo debe quedar claro para nosotros y para nuestros hijos, la mentira no debe tener lugar en nuestra casa, si cada familia decidiera eso, de acá a algunos años, estaríamos eliminando los fraudes, coimas, y más en nuestro país, no lo creen? Que Dios sea el Señor en cada casa!



Salmos 101:7, No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.

Para que no te quejes mañana, empieza ahora!

He escuchado a muchos padres quejarse de la falta de colaboración de sus hijos adolescentes o jóvenes en los quehaceres de la casa, de la falta de motivación para hacer las cosas, de la falta de consideración hacia ellos, etc. El problema radica en los padres más que en los hijos, porque es nuestra responsabilidad enseñarles, instruirlos, educarlos. Y estos problemas se generan porque no permitimos a nuestros hijos cuando eran pequeños a ayudar o a colaborar en los quehaceres de la casa. Los motivos son muchos: pueden hacerlo mal, pueden ensuciarse, se demoran mucho, no lo hacen como nosotros, etc. Y al pasar los años nos encontramos quejándonos porque nuestro hijo de 18 años no sabe lavar su ropa, no tiende su cama, su habitación es un desastre, ni hablar en ayudar en la limpieza de la casa, lavar los platos o cocinar. Entonces nosotros cometemos el error cuando creemos que nuestros hijos no son capaces de realizar labores diversas cuando son pequeños, los acostumbramos a hacerles todo y cuando queremos que ellos empiecen a ayudar, ellos no tienen la costumbre y tampoco las ganas. Qué podemos hacer ahora? Si nuestros hijos son pequeños, hay mucho por hacer. Y si son adolescentes, nunca es tarde para enseñar. Pero se requerirá de mucha paciencia en ambos casos, ya que muchas veces no harán las cosas como nosotros deseamos, porque están aprendiendo, además cada uno de ellos es diferente. Aquí te doy algunos consejos que podrás usar como padre en esta nueva etapa.

Empiece a dar responsabilidades a sus hijos según su edad. Debemos empezar a dar responsabilidades de la casa a sus hijos desde que están pequeños. A la mayoría de niños les gusta ayudar a sus padres, debemos aprovechar este deseo y darle a nuestros hijos cosas simples que hacer. Conforme los niños crecer se les puede dar mayores responsabilidades y trabajos más difíciles. Debemos asegurarnos que las tareas que les dan a sus hijos sean acorde con su edad.

Enséñele como debe hacer el trabajo. Necesitan saber exactamente lo que usted está esperando de ellos. Debemos mostrarle a los chicos cómo hacer las cosas. Al principio podemos observarlos como hacer su labor, para que todo funcione bien y podamos contestar sus dudas y preguntas. Sea específico en sus indicaciones. Por ejemplo en lugar de pedirle que limpie su cuarto, puede especificar o hacer una lista explicando lo esto significa, cambia las sábanas, ordena tus juguetes, barre, etc.

Haga un horario, lista de responsabilidades o si desea motivar un sistema de puntos. Esto puede ayudar para que el niño coopere. Podemos dar puntos que se pueden cambiar por un premio. En lugar de cosas materiales, como juguetes o golosinas, es mejor obsequiar cosas como un paseo al parque con papá o mamá, o permiso para que se vaya a la cama media hora más tarde de lo usual.

Enséneles a ser responsables. Debemos evitar caer en la trampa de repetir a nuestros hijos para que terminen su tareas. Tenemos que asegurarnos de hacer a nuestros hijos responsables. Si el niño olvida o se niega a hacer una tarea, los padres no deben decir nada, simplemente aplicar las consecuencias.

Ten mucha paciencia. Ellos no son tú. Están aprendiendo, es todo un proceso. Pídele mucha paciencia a Dios, es una de las mayores virtudes que debes tener.

No haga el trabajo si el niño olvida o se niega a hacerlo. Ellos aprenderán varias cosas si usted las hace por ellos. Aprenderán que sus padres no cumplen su palabra y no hacen cumplir órdenes. También sabrán que si esperan un poco más alguien hará sus tareas.

Elógielos. Felicite a sus hijos por las tareas cumplidas, no hay mejor manera de motivarlos a ayudar en las labores y quehaceres de la casa.

El cuidado de nuestros hijos

A pesar de que el niño es la propiedad de más valor en el hogar, es el que más se descuida. Puede ser que se cuide de que el niño tenga la comida que necesita, la ropa que debe ponerse y que se suplan todas sus demás necesidades físicas, pero ésta es sólo parte de su responsabilidad como padres cristianos. Pero con gran frecuencia se encuentra que el hogar cristiano ha olvidado su deber más importante: velar por el desarrollo espiritual del niño.


De todos modos los factores que entran en la formación de un hogar cristiano, el niño consume más tiempo, dinero, amor, oración y cuidados que todos los demás combinados. Esto es cierto en un hogar donde el cuidado del niño es tomado con la seriedad y responsabilidad que es planteada en la Palabra de Dios.
La tarea más importante que los padres tienen es el cuidado de su hijo. En esta responsabilidad, muchas veces, se le da preferencia a los negocios, placer o comodidad. Dios habla a los padres de la misma manera como la princesa de Egipto habló a la madre de Moisés: “Lleva a este niño y críamelo, yo te lo pagaré” (Éxodo 2:9).

¿Hasta qué punto deben los padres sacrificar su propio placer y comodidad por el bien de su hijo? Los padres pueden llegar a convertirse en esclavos de los deseos caprichosos de sus hijos. El sacrificio debe hacerse siempre que sea por la satisfacción de sus necesidades, las cuales son esos factores que contribuyen a su bienestar físico, su desarrollo mental y la formación de su carácter. Estos nunca deben ser sacrificados por el placer o comodidad de los padres.


El niño es la mayordomía más significativa no sólo porque él hace las demandas más grandes, sino porque él provee las posibilidades creativas más sublimes. Cuando los padres traen una nueva vida al mundo, también vienen con ese bebé nueva responsabilidad con un potencial sorprendente. Una vida ha sido prestada a los padres. Esta vida será moldeada y formada según los patrones o modelos de conducta, conversión y maneras de vivir que ya existen en la forma diaria de vivir de los padres. El medio ambiente del hogar no fija el destino eterno del niño, pero sí ejerce una marcada influencia en lo que será después.
¿Son los padres responsables en la formación del carácter del niño? (Véase Proverbios 22:6).
Los padres proveen el medio ambiente del hogar y el ejemplo. Estos dos factores no forman, pero sí tienen una influencia definitiva en la formación del carácter del niño. No hay duda que en la vida de Timoteo, el ejemplo y las enseñanzas de su abuela Loida y de Eunice, su madre, tuvieron una gran influencia en prepararlo para su ministerio fructífero con el apóstol Pablo (II Timoteo 1:5).

Algunos padres dominan de tal modo a sus hijos que no permiten que ellos desarrollen su propia personalidad. Esto es incorrecto, y puede corregirse por medio de un esfuerzo sincero de parte de los padres de desarrollar en el niño una personalidad que se asemeje a la de Cristo en vez de que sea a su propia semejanza.

Si deseamos que el niño sea veraz, sincero, amoroso, trabajador, honrado, temeroso de Dios, respetuoso y que tenga todas las demás cualidades buenas, no las aprenderá en la calle o en la escuela, ni con los amigos o maestros, ni cuando ya sea un joven; las aprenderá de sus padres por medio del ejemplo que éstos le hayan dado desde que ese niño llegó al hogar. Muchas veces somos cuidadosos de nuestro testimonio, palabras y hechos, cuando estamos fuera del hogar, pero nos olvidamos que nuestro ejemplo como cristiano dentro de él es de gran valor también. Todo padre debe recordar que sus hijos están aprendiendo de él aún antes de que ellos puedan hablar o caminar.
El niño es la mayordomía de mayor responsabilidad porque él demanda cuentas de valor eterno, un alma de incontable precio. Dios puso muy alto el valor de un alma, a tal grado que dio a su propio y único Hijo para que derramara su sangre en la cruz del Calvario para redimirla.

Con cada niño, Dios ha encomendado una vida que debemos cuidar, nutrir y ayudar a que se desarrolle hasta que llegue la madurez. No es un regalo, sino un préstamo. Cada niño es un “talento precioso” que podemos invertir para la gloria de Cristo o que podemos descuidar y aún hacer como aquel que enterró el talento (Mateo 25:14-30).

La delincuencia juvenil sería uno de los problemas menores si todos los padres se tornaran a Dios, aceptando completamente su responsabilidad de nutrir y disciplinar a sus hijos y estar conscientes de que tendrán que dar cuenta a Dios de lo que hicieron con esos “talentos preciosos”: los niños que les fueron encomendados.
¿Hará Dios responsable a los padres por la conducta de sus hijos? Él lo hará. Una adecuada ilustración se encuentra en la historia de Elí y sus hijos. Él permitió que ellos deshonraran el nombre de la familia y trajeran vergüenza sobre el nombre del Señor. Elí no supo disciplinar a sus hijos en las faltas que cometían (I Samuel 3:13; lea también Proverbios 22:15; 23:13-14; Hebreos 12:9).
El hogar cristiano no es un lugar donde sólo se come y se vive. Es un lugar sagrado, donde el padre sirve de líder religioso y donde se lee y se reverencia la Palabra de Dios. Es un refugio contra las tormentas y las dificultades de la vida. La confusión y las desesperaciones de la vida son dejadas fuera del hogar cristiano.

Escrito por Elizabeth Cuevas -
www.institutoalma.org
Foto de Creas o no by Creative Commons

Padres Solteros (Parte II)

Guías Para Entender el Comportamiento de Sus Hijos
Hay muchas maneras de mejorar sus destrezas mientras cria a sus hijos, en lo que se refiere al comportamiento. Trate estas sugerencias, o añádale las suyas propias. Trate de usar por lo menos cinco ideas. Marque las que va a tratar.
Aprenda las etapas de desarrollo de su hijo y qué es lo que puedes esperar en cada etapa. Por ejemplo, no puedes esperar que un niño de tres años se quede en su cochecito en un largo viaje de compras.

Asegúrese que lo que rodea al niño no sea peligroso y que las actividades sean propias de su edad. Ésto puede evitarle mucha frustración tanto al niño como a usted y también aumenta el éxito de su niño. Si el niño siempre está escuchando - no - o - no hagas eso, - tendrá menos curiosidad y confianza en sí mismo. Un niño frustrado tal vez deje de tratar cosas nuevas y no se desarrollará a capacidad.

Saque a los niños de situaciones que no puedan manejar. Puede dirigirlos o distraerlos a una actividad más apropiada.

Establezca las reglas claramente. Mientras menos reglas, mejor. También, es mejor establecer las reglas con la ayuda de sus hijos. Decida con ellos qué pasará si las reglas no se cumplen. Asegúrese que las consecuencias sean justas para la edad de sus hijos y que estén relacionadas con el mal comportamiento. Si hacemos reglas que son sensibles a las necesidades de los niños, les estaremos enseñando a respetar las reglas y a ver el mundo de la familia como un lugar seguro.

Si su niño puede leer, fije las reglas en su cuarto o en la puerta del refrigerador. Pídale a su hijo que escoja el lugar donde fijar las reglas. Usted puede ayudarle a decorar o colorear el papel que contiene las reglas.

Vuelva a evaluar las reglas a medida que su hijo crezca en capacidad y responsabilidad.

Trate de entender el punto de vista de su hijo.

Cuando le pida a su hijo que haga algo, hágalo cortésmente. Es necesario que usted dé el ejemplo.

Siempre haga cumplir las reglas. Su hijo no sabrá si está hablando en serio, si sigue las reglas sólo ocasionalmente. Un niño no entenderá la regla de ir a la cama a un momento determinado si una noche se le permite ver un programa más de televisión ydormido en el sofá y no estar en a la cama.

Específique lo que espera de su hijo. Por ejemplo, si su hijo le quiere acompañar a ir de compras, su idea de portarse bien en la tienda podría ser distinta a lo que usted piensa que es portarse bien. Sea claro y discuta el comportamiento que espera de él en la tienda.

Permanezca calmado. Cuente hasta 10 o hasta 100 antes de actuar. Trate de aislarse de la situación por unos momentos si le es posible.

• Establezca un buen ejemplo. Los niños imitan a esos que lo rodean. Ellos aprenden lo que viven.
Perdónese a si mismo como padre por aquellos momentos en que reaccione Indebídamente. ¡Nadie es perfecto!

Déle avisos. Déjele saber cinco o diez minutos antes que la actividad que están haciendo va a cambiar.

Hágase una promesa de nunca comparar a sus hijos con otros. Concéntrese en las cualidades positivas de sus hijos. Sus hijos crecerán y serán buenos seres humanos si son aceptados por ser quienes son. Todos los niños cometen errores, al igual que todos nosotros, mientras van creciendo. Los niños pueden aprender el comportamiento apropiado con ayuda positiva y amorosa de sus padres. Ellos también formarán destrezas sociales que resultarán en un niño con el que será fácil convivir.

¿Qué Sigue?Si ha decidido seguir algunas de las ideas sugeridas en esta publicación, tomará tiempo para que usted y sus hijos se adapten. Recuerde esto, antes de que la situación se ponga mejor, se pondrá peor. Todos somos criaturas de costumbre. Sus hijos lo pondrán a prueba a usted, las nuevas reglas y las consecuencias. Tomará un poco de tiempo para que usted y sus niños se ajusten. Así que no se dé por vencido. Siga adelante. Recuerde que toma veintiún días adoptar una nueva costumbre. Hay otras opciones si piensa que su familia necesita trabajar más en establecer limitaciones en el comportamiento. Puede tomar más cursos en la crianza de los hijos o buscar consejería familiar. Buscar consejería no significa que usted es un fracaso como padre, sino que su familia le importa lo suficiente como para ir más allá y buscar ayuda.

Universidad y el Instituto UF/IFAS, El Exito del Padre Soltero, Abril 2001

Padres solteros (Parte I)

La crianza de los hijos es un trabajo muy difícil para los padres. Puede imaginar lo difícil qué es el trabajo de criar a un niño para un padre o madre sin pareja? Ser padre o madre sin pareja ha llegado a ser una realidad para la sociedad. En este artículo y el siguiente que nace de un estudio de la Universidad de la Florida podrás encontrar algunos consejos, que pueden darte una manito en esta gran labor.

Una de las tareas más difíciles que enfrenta un padre soltero es el establecer límites para el
comportamiento de sus hijos. Los niños pueden hacer que perdamos la paciencia, pero también nos pueden traer mucha felicidad. Como padre soltero, usted se enfrenta diariamente con la tarea de criar a sus hijos. Ésto puede convertirse en algo difícil al no tener una compañera con quién compartir ideas sobre cómo tratar con distintas situaciones de comportamiento.

Si hace poco tiempo que se quedó solo, es de esperar que los niños tengan un comportamiento disruptivo, sin importar la edad. Sus hijos, al igual que usted, están experimentando un cambio difícil en su vida. Los estudios han encontrado que padres que practican un estilo de disciplina cariñoso pero a su vez firme, crian niños saludables. Una disciplina exitosa conlleva darle el cuidado y amor que necesitan los niños, a la vez que establecemos límites para el comportamiento inapropiado. Podemos tener este balance al demostrar respeto, amabilidad, y mucha paciencia con nuestros hijos. Recuerde que todos los niños se comportan mal en algún momento.

¿Por Qué se Portan Mal los Niños?
Es importante saber el por qué se portan mal los niños. Si podemos identificar su comportamiento, podemos responder más apropiadamente a sus acciones. Algunas razones para el pobre comportamiento son:

  • Los niños son curiosos, e impulsivos por naturaleza. Están creciendo y están en el proceso de desarrollar destrezas sociales. Les hace falta la experiencia adulta. Cometer errores y portarse mal de vez en cuando es parte del proceso de aprendizaje.
  • Los niños tienen un fuerte deseo de ser independientes. Puede que sobrepasen los límites impuestos por sus padres.
  • Los niños necesitan dormir bastante, tomar alimentos nutritivos, hacer ejercicios y respirar aire fresco. Los niños se compartan mal cuando no se sienten bien o están cansados. Los niños necesitan saber que pertenecen. Ellos necesitan saber que son valorados. Si hay un divorcio, o la familia se muda a un vecindario nuevo, los niños se pueden sentir con miedo y solos.
  • Los niños necesitan que se les anime. Los niños que no reciben elogios por cosas positivas tratarán de atraer la atención portándose mal.
Orientando el Comportamiento de los Niños El comportamiento apropiado en nuestros niños sucede cuando un padre muestra:
• actitudes positivas
• entendimiento del desarrollo de sus hijos

• amabilidad y respeto para con sus hijos

• mucha paciencia

Algunas veces se nos olvidan estas ideas básicas y tratamos de controlar el comportamiento de nuestros hijos con amenazas. Gritando, llamándolos nombres, rebajándolos y golpeándolos hiere el espíritu de un niño. Como padre, usted es la persona más importante en la vida de su hijo, y dejará una impresión que durará toda la vida de acuerdo a cómo lo trate. Para entender el comportamiento de sus hijos, recuerde éstas dos premisas básicas: 1) los hijos son seres sociales que buscan pertenecer a la familia y sentirse valorados, y 2) los niños toman decisiones. Pensará diferente cuando comprenda que detrás del mal comportamiento, hay un niño que sólo busca pertenecer. Su hijo puede estar confundido de cómo alcanzar esa meta.

¿Qué sucede cuando los niños se comportan apropiadamente, por ejemplo, jugando bien con
con un amigo, compartiendo sus juguetes como es debido, o no está lloriqueando? Es probable que los padres ignoren a sus hijos por miedo a que el buen comportamiento no dure. A veces nos olvidamos que el darle un elogio a nuestros hijos, o una palmadita en la espalda por algo bien hecho es la clave para hacer que el niño sienta que es importante y que pertenece a la familia. Fijarse en el buen comportamiento hace que el niño lo repita. Ésto se llama - sorprender al niño haciendo algo bueno - en vez de sorprenderlo haciendo algo malo. ¿Qué sucede en la situación contraria, en donde en vez de portarse bien el niño se comporta mal? ¡El niño recibe su atención inmediata! El padre pudiera regañarlo o sermonearlo de alguna manera, lo cual resulta en una atención negativa. Para muchos niños, ésta es la única manera de satisfacer su necesidad de pertenencia. Los niños harán cualquier cosa para atraer la atención, hasta pueden preferir atención negativa antes de no tener ninguna atención.

 
La tarea del padre es ayudar al niño a escoger los comportamientos más adecuados. La orientación, o el consejo que usted dé puede mejorar las destrezas sociales y los sentimientos de dignidad propia del niño.

Fuente: Universidad y el Instituto UF/IFAS, El Exito del Padre Soltero, Abril 2001
Foto de bichuas

Susanna Wesley, una gran mujer

Susana Wesley fue la mayor de 25 hermanos y la madre de diecinueve hijos. John, su décimoquinto hijo, fundador del Metodismo, nació en Epworth, Inglaterra, en la misma ciudad donde también nació Charles, su hijo decimoctavo, compositor de himnos. Ella soportó privaciones, pero nunca se desvió de la fe y de la misma manera enseñó a sus hijos.

Una ‘iglesia doméstica’
El hogar de Susana Wesley en Epworth era un hogar cristiano casi perfecto. Su hijo John nunca se olvidó de los cultos que su madre conducía en su casa los domingos en la noche. En un comienzo ella los dirigía en su amplia cocina, pero después, por el aumento del número de participantes, la pequeña reunión se extendió por toda la casa y el granero.
John Wesley sentía que, si su madre podía ganar almas, otras mujeres también podrían involucrarse en este servicio de amor. El autor Isaac Taylor dice: “Susana Wesley fue la madre del metodismo en el sentido moral y religioso. Su valor, su sumisión y autoridad, la firmeza, la independencia y el control de su mente; el fervor de sus sentimientos devocionales y la dirección práctica dada a sus hijos brotaron y se repetirían muy notoriamente en el carácter y conducta de su hijo John”. Pocas mujeres en la historia poseerían la sensibilidad espiritual, el vigor y la sabiduría de Susana Wesley.
El entrenamiento que Susana Wesley dio a sus hijos fue mencionado en una carta que ella escribió a su hijo mayor, Samuel, el cual también llegó a ser un predicador: “Considere bien que la separación del mundo, pureza, devoción y virtud ejemplar son requeridas en aquellos que deben guiar a otros a la gloria. Yo le aconsejaría organizar sus quehaceres siguiendo un método establecido, por medio del cual usted aprenderá a optimizar cada momento precioso.
Comience y termine el día con el que es el Alfa y la Omega, y si usted realmente experimenta lo que es amar a Dios, usted redimirá todo el tiempo que pudiere para Su servicio más inmediato. Empiece a actuar sobre este principio y no viva como el resto de los hombres, que pasan por el mundo como pajas sobre un río, que son llevados por la corriente o dirigidas por el viento. Reciba una impresión en su mente tan profunda como sea posible de la constante presencia del Dios grande y santo. Él está alrededor de nuestros lechos y de nuestras trayectorias y observa todos nuestros caminos. Siempre que usted fuere tentado a cometer algún pecado, o a omitir algún deber, pare y dígase a sí mismo: “¿Qué estoy por hacer? ¡Dios me ve!”
Sobreponiéndose a las pruebas
Ella practicaba lo que predicaba a sus hijos. Aunque dio a luz diecinueve hijos entre 1690 y 1709, y era una mujer por naturaleza frágil y ocupada con los muchos cuidados de su familia, ella apartaba dos horas cada día para la devoción a solas con Dios. Susana tomó esta decisión cuando ya tenía nueve hijos. No importaba lo que ocurriese, al sonar el reloj ella se apartaba para su comunión espiritual. Mabel Brailsford comenta: “Cuando nos preguntamos cómo veinticuatro horas podían contener todas las actividades normales que ella, una frágil mujer de treinta años, era capaz de realizar, la respuesta puede ser hallada en esas dos horas de retiro diario, cuando ella obtenía de Dios, en la quietud de su cuarto, paz, paciencia y un valor incansable”.
Las pruebas que Susana soportó podrían haberla aplastado. Solamente nueve de sus diecinueve hijos sobrevivieron hasta la vida adulta. Samuel, su primogénito, no habló hasta los cinco años. Durante aquellos años ella lo llamaba “hijo de mis pruebas”, y oraba por él noche y día. Otro hijo se asfixió mientras dormía. Aquel pequeño cuerpo fue traído a ella sin ninguna palabra que la preparase para enfrentar lo que había sucedido. Sus gemelos murieron, al igual que su primera hija, Susana. Entre 1697 y 1701 cinco de sus bebés murieron. Una hija quedó deformada para siempre, debido al descuido de una empleada. Alguno de sus hijos tuvieron viruela.
Otras dificultades la persiguieron. Las deudas crecían y el crédito de la familia se agotaba. Su esposo, que nunca fue un hombre práctico, no conseguía vivir dentro del presupuesto de su familia, y si no hubiese sido por la diligencia de su mujer, con frecuencia no habrían tenido alimento.
Desde el punto de vista puramente material, la historia de Susana fue de una miseria poco común, privaciones y fracaso. Espiritualmente, en cambio, fue una vida de riquezas verdaderas, gloria y victoria, pues ella nunca perdió sus altos ideales ni su fe sublime. Durante una dura prueba, ella fue a su cuarto y escribió: “Aunque el hombre nazca para el infortunio, yo todavía creo que han de ser raros los hombres sobre la tierra, considerando todo el transcurso de su vida, que no hayan recibido más misericordia que aflicciones y muchos más placeres que dolor. Todos mis sufrimientos, por el cuidado del Dios omnipotente, cooperaron para promover mi bien espiritual y eterno ... ¡Gloria sea a Ti, oh Señor!”
La ‘escuela doméstica’
En su escuela doméstica, seis horas por día, durante veinte años, ella enseñó a sus hijos de manera tan amplia que llegaron a ser muy cultos. No hubo siquiera uno de ellos en el cual ella no hubiese depositado una pasión por el aprendizaje y por la rectitud.
Cierta vez, cuando su marido le preguntó exasperado: “¿Por qué usted se está ahí enseñando esta misma lección por vigésima vez a ese muchacho mediocre?”, ella respondió calmadamente: “Si me hubiese satisfecho con enseñarla diecinueve veces, todo el esfuerzo habría sido en vano. Fue la vigésima vez la que coronó todo el trabajo”.
Siendo ya un hombre famoso, su hijo John le rogó que escribiese algo sobre la crianza de los hijos, a lo que ella consintió con renuencia: “Ninguno puede seguir mi método, si no renuncia al mundo en el sentido más literal. Hay pocos, si es que los hay, que consagrarían cerca de veinte años del primor de su vida con la esperanza de salvar las almas de sus hijos”.
Ella comenzaba a entrenar a sus hijos tan luego ellos nacían, por un método de vida bastante riguroso. Desde el nacimiento ella comenzaba también a entrenar sus voluntades, haciéndoles entender que deberían obedecer a sus padres. Ellos eran enseñados, asimismo, a llorar despacio, y a beber y comer sólo lo que les era dado. Comer y beber entre las comidas no les era permitido, a no ser que estuviesen enfermos. A las seis de la tarde, apenas las oraciones familiares habían terminado, ellos cenaban. A las ocho se iban a la cama y debían dormir inmediatamente. “No era permitido en nuestra casa”, informa uno de sus hijos “sentarse cerca del hijo hasta que él dormía”. El gran ruido que muchos de nuestros hijos hacen era raramente oído en casa de los Wesley. Risas y juegos, en cambio, era los sonidos habituales.
Formando siervos de Dios
El bienestar espiritual de sus hijos interesaba mucho a Susana. Ella les inculcó un aprecio por las cosas del Espíritu y llevó adelante esta enseñanza hasta sus años de madurez. Incluso siendo mayor, su hijo John venía donde su piadosa madre en busca de consejo. No sólo para los metodistas, sino para todo el mundo, Susana Wesley dio una nueva libertad de fe, un nuevo brillo de religión práctica y una nueva intimidad con Dios.
No es de admirar que esta madre que tan frecuentemente oraba “dame gracia, oh Señor, para ser una cristiana verdadera”, produjese un gran cristiano como John Wesley. Ella oraba: “Ayúdame, Señor, a recordar que religión no es estar confinada en una iglesia o en un cuarto, ni es ejercitarse solamente en oración y meditación, sino que es estar siempre en tu presencia”.
En octubre de 1735, sus hijos John y Charles Wesley fueron a Estados Unidos como misioneros a los indios y a los colonizadores. Al despedirse de ella, John le expresó su preocupación en dejarla, siendo ella ya mayor. A lo que respondió: “Si tuviese veinte hijos, me alegraría que todos ellos fuesen ocupados así, aunque nunca más los volviese a ver”.
Cuando los metodistas alcanzaron pleno vigor, la vida de Susana llegó a su fin. Un domingo de julio de 1742, mientras John predicaba en Bristol, le fue avisado que su madre estaba enferma, y regresó aprisa. El viernes siguiente ella despertó de su sueño para exclamar: “Mi querido Salvador, ¡estás viniendo a socorrerme en los últimos momentos de mi vida!”.
Más tarde, cuando los hijos estaban alrededor de su lecho, ella dijo: “Hijos, tan luego yo haya sido trasladada, canten un salmo de alabanza a Dios”. Ella murió en el lugar donde la primera Capilla Metodista fue abierta y fue sepultada en el cementerio al lado opuesto donde treinta y cinco años más tarde su hijo John construyó su famosa capilla. Cierta vez, John dijo sobre aquel funeral: “Fue una de las reuniones más solemnes que yo vi, o espero ver, en este lado de la eternidad”.

Tomado de Revista Aguas Vivas · Nº 25 · Enero - Febrero 2004
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La responsabilidad de los padres cristianos

Me llamó la atención este artículo escrito en el año 1940, por Paul Fuzier. Al parecer la necesidad de fortalecer las familias viene desde un buen tiempo atrás. Transcribo parte de el.

Es doloroso ver, en tantos lugares, a la juventud cristiana alejarse de las reuniones, buscar en el mundo las alegrías y satisfacciones que Satanás hace relucir ante ella, pero sin darles nada. Aquí y allá, las vacantes quedan, los lugares quedan desocupados: aquellos que el Señor retira no son reemplazados porque, en la generación que sigue, los que abandonan el testimonio son mas numerosos. Y, entre aquellos que quedan, también las verdades de la Palabra concernientes a la Asamblea, el andar cristiano, son poco o mal conocidos. Se asiste a las reuniones como por rutina, no conociendo sino un poco o nada de los principios de la reunión. Parece que nos falta mucho, un conocimiento personal y profundo de las Escrituras.
¿Tendremos que luchar para mantenernos a flote? ¿La raíz del mal, no es, en gran medida, la insuficiencia de la educación cristiana, en nuestras familias? Dejamos. Muy a menudo, el cuidado de esta educación a los hermanos y hermanas que se ocupan en las escuelas dominicales—servicio precioso, cumplido de corazón y devoción, por las cuales tenemos la necesidad de orar mas, pero no tiene, en ninguna manera, que reemplazar la educación cristiana que nosotros tenemos que dar a nuestros hijos. Desde su muy temprana edad, habituémosles a la lectura diaria de la Palabra. Los cristianos de Berea examinaban «cada día las Escrituras»«el pan nuestro dándolos hoy» (Lucas 11:3). Alimento material, sin duda, pero también el alimento espiritual, el uno tan necesario como el otro, porque «no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová» (Deuteronomio 8:3). Y esto se nos dice, precisamente, en relación con el maná, que todo Israelita debía recoger, durante la travesía en el desierto, cada mañana, no solamente para el mismo, sino que para todos los que habitaban « en su tienda» ( Éxodo 16:16 al 21). (Hechos 17:11). Podemos pensar que ellos lo hacían en familia y con los niños. Como los padres, también recibían instrucción, enseñanza y exhortaciones. El Señor mismo, les había enseñado a sus discípulos a pedir.
¿Insistiremos sobre el papel de la madre cristiana? Desde su niñez, Timoteo había sido instruido en las santas letras; ¡que enseñanza había recibido de su abuela Loida y de su madre Eunice! (2ª Timoteo 3: 14,15; 1:5). Igualmente, ¡en que atmósfera piadosa había crecido Marcos! No se nos dice nada de su padre; la Palabra no nos habla de su madre, y un solo detalle nos es dado de su cristiano hogar, sin embargo como esto lo caracteriza tan bien: «Muchos estaban reunidos y oraban» (Hechos 1:12). Luego, el final de Marcos: después de haber tenido sin duda algunos pasos falsos, fue «útil para el servicio» (2ª Timoteo 4:11), «en consolación» para el apóstol Pablo (Colosenses 4:10,11), y el Espíritu de Dios lo ha empleado para retratar la vida del perfecto Siervo. ¿No son las piadosas enseñanzas de su madre que le habían producido ese fruto? Y lo que había escrito el rey Salomón lo verificaba: «Cría al niño según la regla de la vida; porque cuando envejezca no se apartara nunca» (Proverbios 22:6. J.N.D.)
Leamos atentamente las narraciones de los reinos de los reyes de Judá y de Israel: cuando un nuevo rey sube al trono, se le dice lo que ha hecho bueno — o malo — a los ojos de Jehová, y casi siempre se añade: «El nombre de su madre era…» (1ª Reyes 14:21; 15:2,10; 2ª Reyes 12:1; 14:2; 15:2,33; 18:2; 21:1,19; 22:1, etc.). ¡Cuantos otros ejemplos hay en la Palabra, que constituyen preciosos alientos para la madre cristiana! La vida de un hijo será marcada por la impresión imborrable de la educación que su madre le haya dado.
Solemne responsabilidad la de los padres cristianos. Confiándonos un hijo, Dios nos confía un alma — ¡que grande, el precio de un alma! — y esta alma, Dios la desea para el cielo.
Nuestros hijos observan; nuestras faltas, nuestras inconsecuencias no escapan de ellos. ¡Que ejemplo les damos si tienen así, sobre sus ojos, un camino de desobediencia! ¿Cómo podríamos, entonces, criarlos «bajo la disciplina y amonestación del Señor»? (Efesios 6:4) No tendríamos, pudiera ser, la misma libertad de leer la Palabra que juzga nuestra conducta. Pensemos en nuestra responsabilidad mientras andamos en tal camino: sin duda una perdida; ¡pero reflexionemos en las consecuencias —eternas puede ser — si esto es apropiado para aquellos que amamos tanto! Detengámonos un instante, y escudriñemos nuestro andar.
Sin embargo, si hay un peligro en la mundanalidad que, más y más, invade nuestros hogares, ¿Podríamos señalar algo más? ¿no tenemos, sin embargo, que cuidarnos del espíritu en el cual lo hacemos? Dejar a nuestros hijos la impresión de algo que se hace por una costumbre, o aun de un deber austero que cumplir, de una tarea penosa de la cual esperan ellos poder escapar, al hacerlo así ¿no sería ir en contra del motivo buscado? Parece ser, que lo que nos hace falta es enseñar a nuestros hijos a amar al Señor; hacer nacer primeramente, desarrollar enseguida, en sus corazones, este gozo de pertenecer a Él y de vivir con Él. Hagamos atrayente para ellos la lectura de la Palabra en familia; interesémonos en lo que leen; dejemos que hagan preguntas, por las cuales el Señor dará la respuesta que conviene. Pongamos a su alcance la explicación que le daremos del texto leído; Volvamos con perseverancia sobre lo que ya se ha visto en los días anteriores… Estaremos felices del resultado obtenido, manifestación de la gracia de Dios. Seremos alentados viendo a las jóvenes almas abrirse a las maravillas de la Palabra, deseosos de comprender mejor. Estaremos desconcertados viendo como la semilla penetra y con que gozo ella es recibida. Y, mas tarde, «a su tiempo, segaremos, sino desmayamos» (Gálatas 6:9).
Pero sobre todo, y aun en esto, para enseñar a nuestros hijos a amar al Señor, tenemos vivos ejemplos. Sin duda, les hablamos mucho de Jesús, pero mostrémosle, por nuestra vida diaria, que precio tiene esta Persona en nuestros corazones. Mostrémosles que la felicidad — que Satanás promete atrayéndolos a este mundo — nosotros la hemos encontrado en Jesús. No olvidemos que el testimonio mudo es más poderoso aun que aquel expresando palabras y que este último, además, no tenga fruto, si el primero no lo acompaña; el testimonio está en los hechos más bien que en las palabras.
No olvidemos, en fin, que si nos preocupamos y tenemos temor ante la responsabilidad que pesa sobre nuestras espaldas, tenemos la fuente siempre a nuestra disposición: la oración. Oremos por nosotros, a fin de que Dios nos de la sabiduría que necesitamos tanto y en todo momento —oremos por nuestros hijos, a fin de que Dios cumpla en sus corazones, una obra tal que puedan mirarle a Él — oremos por todos los hijos, a fin de que les sea concedida la gracia, si el Señor tarda en venir, de ver a esta querida juventud engrosar las filas del testimonio — oremos por todos los padres cristianos, a fin de que nos sea dado el ser buenos administradores de lo que Dios nos ha confiado. ¡El nos pedirá la cuenta: pensémoslo!

P.Fusier

Traducido de “El Mensajero Evangélico” año 1940, Responsable traducción: Ruth C. de Vasconcelo
www.biblecentre.org

El Hogar Cristiano es una Escuela

El hogar cristiano es una escuela donde se imparten clases diarias sobre ética cristiana y vida santa. El libro de texto es la Biblia. El gran Maestro es el Espíritu Santo. El Huésped invitado es el Señor Jesús.


Cuando leemos la Palabra de Dios nos damos cuenta muy luego del inmenso valor que Dios mismo ha puesto sobre el hogar en lo que se refiere a las responsabilidades y posibilidades para la formación de criaturas de fe ardiente y vida piadosa (Deuteronomio 6:5-7; Salmo 78:4-7).


Al estudiar al pueblo judío no podemos dejar de admirar la importancia que ellos le dan en sus vidas a la educación religiosa, contribuyendo ésta a la prosperidad y permanencia de este pueblo. Josefo, un historiador judío, dijo de su pueblo: “Nuestro cuidado principal es el de educar a nuestros hijos, y lo consideraremos el negocio más importante de nuestra vida doméstica”. La educación judía se dirigía conforme a lo que ahora llamamos el plan intensivo. El hogar, la escuela y la iglesia se reforzaban uno a otro. Estos tres cooperando juntos intensificaban y perfeccionaban el entrenamiento religioso. Hoy existen el hogar, la escuela y la iglesia, pero no hay cooperación entre ellos para desarrollar el programa de la educación religiosa.


La educación judía comenzaba con la madre. Sus deberes religiosos en relación con el hogar modelaban el carácter de sus hijos. Mucho antes de que el niño pudiera asistir a la escuela o a la sinagoga, las oraciones particulares y en familia y las ceremonias domésticas, fueran los sábados o de las fiestas religiosas, se grababan indeleblemente en su mente. Sentado en el regazo de su madre, el niñito aprendía las historias de patriarcas, profetas, estadistas, guerreros, poetas, príncipes y patriotas. Las mujeres de todos los países bien pueden aprender de las madres de Israel en cuanto a la enseñanza de sus hijos.


Durante los años más formativos de la vida, del nacimiento a los seis años, la madre es la compañera constante del niño, y casi su única maestra. De ella adquiere las enseñanzas para la formación de su yo espiritual y moral. La presencia misma y el ejemplo de una madre ejerce constantemente una influencia elevadora y estimulante. La delincuencia juvenil sigue a la ignorancia o la negligencia de una madre durante los días de la niñez en los cuales se forman los hábitos y las costumbres. Debido al carácter permanente de las primeras impresiones, la contribución de una madre se multiplica con interés compuesto. La influencia de una madre es de gran alcance no sólo sobre el individuo, sino sobre la nación. Verdaderamente, “La mano que mece la cuna rige al mundo”; y una buena madre es de más importancia que el conquistador de un reino.


El padre comparte con la madre una responsabilidad igual por el ambiente del hogar. Él representa de manera especial el punto de vista masculino. Por su contacto con el exterior, él es más capaz de dar a conocer a los niños el contenido de la sociedad, mientras que la madre explica mejor las relaciones personales. En una familia bien ordenada, el padre es como una corte de apelaciones. A él se le concede cierta autoridad y cierta calidad heroica que la madre le atribuye en la presencia de los niños. Mientras que la influencia de la madre es más marcada durante la niñez, la del padre es más grande en el período de la adolescencia.


Cualquier padre que tenga una idea correcta de la función de la familia y una apreciación adecuada de las posibilidades que encierra su hijo, hará del hogar el centro de su programa y subordinará a él todos los otros intereses. Hasta que haya un reconocimiento general de que el hogar es la universidad más importante del mundo, y los padres sus más grandes maestros, no será posible estimar en su valor justo el medio ambiente que amolde los años de la niñez.


Los padres son maestros, conscientes o inconscientemente, están siempre enseñando a sus hijos por medio de las palabras y los hechos en su vida personal. No hay otra influencia que sea tan poderosa y permanente como la de los padres. Las ideas y actitudes de los niños son casi enteramente adquiridas en el medio ambiente del hogar. Los padres forman ese medio ambiente del hogar, y éste contribuye en gran parte a moldear el carácter del niño. La instrucción religiosa en el hogar es de gran importancia. Los padres cristianos necesitan darse cuenta que es ésta una de sus responsabilidades más importante.

Escrito por Elizabeth Cuevas
Foto de Arkansas ShutterBug by Creative Commons