Nuestra responsabilidad como padres

Si los padres cristianos hemos de salvar a nuestras familias de los tiempos terribles en los cuales vivimos, tendremos que protegerlos contra los valores corruptos de la sociedad mundana. Como padres y madres tenemos la responsabilidad y el mandamiento del Señor de llevarlos a El e instruirlos en su Palabra. El Señor nos da las instrucciones.

Deuteronomio 6:4-9, Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es, Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

Es nuestra responsabilidad como padres y madres dejar una herencia a nuestros hijos, y no solo material, sino espiritual. Es un mandato que instruyamos y enseñemos a nuestros hijos la Palabra de Dios, y encaminemos sus vidas hacia su voluntad. Pero para que podamos enseñarles hay algo que debemos hacer nosotros primero. Leemos en el verso 6: Y estas palabras que yo te mando hoy, hablando de sus mandamientos, de su ley, estarán primero en tu corazón. Para que podamos guiarlos, primero debemos ser un testimonio vivo, tenemos que ser ejemplo en casa. Nuestras acciones hablarán más que mil palabras.

La instrucción piadosa de los hijos debe de ser uno de los intereses más importantes de los padres. La instrucción espiritual debe centrarse en el hogar y no es una opción, es un mandamiento directo del Señor. Como padres, llevemos a nuestros hijos al Señor, enseñemosles a amarle, obedecerle y servirle.

Proverbios 1:8, Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre.

Proverbios 6:20, Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre.
Deuteronomio 11:18-20, Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñareis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantyes, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.