Amonestación y Disciplina Cristiana (Final)

EL FRUTO DE UNA BUENA DISCIPLINA
Proverbios 29:15,17 nos dice: “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre. Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma”.
Para muchos padres disciplinar a los hijos significa, según ellos, forzar la arbitraria autoridad paternal. Creen que el hijo disciplinado es aquel que salta cuando oye el ruido del látigo; que no debe bajo ninguna circunstancia expresar una opinión o hacer una decisión; el que obedece sin hacer preguntas, aún de las órdenes más descabelladas. Pero esta no es una forma de criar a los hijos en la disciplina del Señor, ni podemos llamarle “disciplina cristiana”. Esto sería criar a los hijos en un ambiente de violencia.

El extremo opuesto es el de criar a los hijos sin ningún control paternal y por lo mismo sin ninguna disciplina. El niño hace lo que se le antoja y luego domina la vida de los adultos que le rodean. Entre estos dos extremos está el camino que se debe seguir.

Muchos problemas de disciplina surgen por causa de la ignorancia, es decir, se desconoce su verdadero propósito. La disciplina que se practica con sabiduría utilizará la voluntad del niño, enseñándole a que él obedezca porque desea hacerlo, o sea, que el niño anhela obedecer por su propia voluntad. La verdadera obediencia viene de adentro.

Las madres y padres que han renunciado a su deber de disciplinar a sus hijos también han perdido privilegios y alegrías. La disciplina tiene dos funciones principales: la de formar hábitos en el niño que le serán útiles y la de modificar o cambiar todos aquellos que son inservibles o malos. Si un niño posee un mal hábito no nació con él, lo adquirió por medio de la imitación o el aprendizaje. Todo hábito malo debe ser corregido.

Es más fácil e importante prevenir que corregir malos hábitos ya formados. Es por eso que todo padre verdaderamente cristiano se preocupará porque el niño desde su temprana edad adquiera hábitos cristianos. Todo lo que se hace repentinamente es lo que se transforma en hábito. Si deseamos que nuestro hijo se comporte debidamente en la Casa de Dios, nosotros no debemos permitirle, ni una vez que ande libre gateando o caminando por todas partes en el templo, con lo cual le enseñamos reverenciar el lugar donde adoramos a nuestro Dios. Este será un buen hábito.

Cuando los padres imponen una disciplina a base de temor, los hijos obedecen porque es su deber, pero no lo hacen porque lo desean y quieran agradar a sus padres. Tienen miedo de quebrantar la autoridad paterna. ¿Será ésta la disciplina del Señor? Como cristianos, ¿Estamos obedeciéndole por temor o porque le amamos y deseamos honrarle?
Cuando los padres hacen que sus hijos les obedezcan ciegamente y por temor, llegará un día cuando su hijo o hija se revele. La expresión: “Hazlo porque yo te ordeno” no es una razón para que el niño obedezca. Con frecuencia y honestidad los padres deben analizar lo que han dicho. ¿Les gustaría que alguien a quien ustedes necesitan obedecer tomara esta misma actitud? El problema de disciplina abarca no sólo a los hijos, sino también a los padres. Deben estar seguros que están demandando obediencia no sólo por su propio beneficio, sino por el bien de sus hijos. El padre que no practica la disciplina en su propia vida, no podrá imponerla en sus hijos. Si el padre y la madre ganan el respeto y amor de ellos, éstos les obedecerán con alegría. Todo padre que es firme en sus decisiones y cumple lo que promete ganará el respeto y admiración de sus hijos.

El mejor método de disciplinar es el de crear condiciones que evitarán que las faltas se cometan. Vale la pena y paga grandes dividendos hacer que la obediencia sea algo que traiga gozo y satisfacción a todos los miembros del hogar.

Si los padres siempre están haciendo una lista de prohibiciones y están constantemente diciendo: “No hagas esto”, “no hagas lo oro”, impresionarán al niño, y él procurará probar nuevamente. Es mucho mejor buscar el lado positivo para la corrección.

Otra cosa que es importante que los padres sepan es que el juego es algo muy real e importante en la vida del niño. Él lo considera tan serio como el trabajo para el adulto. Muchas veces la desobediencia del niño es provocada porque el padre interrumpe al niño en su juego de una manera sorpresiva y demanda obediencia inmediata. El niño necesita tiempo para hacer los arreglos necesarios en su juego antes de obedecer. Por ejemplo, un niño piensa no venir inmediatamente a comer o acostarse porque está jugando. La niña vendrá con gusto si le advertimos que es tiempo de que acueste su muñeca porque también es hora de que ella vaya a comer o a dormir. En vez de hacer que Juanito interrumpa su juego bruscamente, le podemos decir que debe estar listo para venir a la mesa durante cinco minutos. También le podemos advertir que debe venir tan pronto como termine de descargar su camión.

El castigo puede usarse con niños de cualquier edad, pero si el padre o maestro usa el castigo para cualquier falta y constantemente, su método de disciplina no sirve. Recuerde que con su ejemplo, siendo firme en sus decisiones y cumpliendo lo que promete, usted ganará la admiración, respeto y amor de sus hijos.
Escrito por Elizabeth Cuevas - www.institutoalma.org

No hay comentarios :