Echando toda vuestra ansiedad sobre él

Es tan común en estos tiempos encontrarse cara a cara con la ansiedad, el estrés, la depresión. Aparecen sin invitación, a causa de cualquier mal rato, decepción, preocupación, miedo, dolor, tristeza. Un día me encontré con uno de ellos y me saludó, pensé que pasaría de largo, nunca imaginé que yo sería su presa y que mi cuerpo se vería afectado. Y es que nada funcionaba con uno de nuestros hijos, por más que nos esforzamos, no hacia caso, no obedecía, siempre tenía un pero o un porque, nos daba la contra, mentía deliberadamente y terminábamos discutiendo y levantándole la voz cada vez, creyendo que de esa manera marcábamos nuestro territorio e imponíamos autoridad.

Esto se había vuelto una carga, una gran preocupación, especialmente para mí, no estábamos llegando a ningún lado, y mi espíritu estaba siendo afectado al igual que mi carácter. Fue así que decidí poner manos a la obra, me preparé para la batalla, hice memoria y tomé todas las enseñanzas, métodos y demás para aplicar en este caso. Pensé que mis métodos serían efectivos al momento, pero reprobé, no pasé la prueba, y realmente en esta área, empecé a sentirme en la oscuridad.

Pero en medio de esa oscuridad personal, mis ojos fueron abiertos (fue lo mejor que me pasó) y vieron lo que nunca antes había querido ver: Una madre que no sabía como ser madre, que fallaba constantemente y no daba al blanco, más bien se alejaba de él, porque había creído que ella podía sola, creyó que los conocimientos que tenía le podrían dar la salida, pero se equivocó. Necesitaba reconocer que sola no podía, que no era en mis fuerzas y que de nada servían mis conocimientos, necesitaba entregar esa carga, necesitaba que alguien la lleve por mí, y ese no era mi esposo (aunque debo reconocer que si de alguien aprendo día a día, es de él).

No podía esperar más y la entregué entre lágrimas reconociendo mi necesidad. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:6-7. Inmediatamente El la tomó, la puso sobre sus hombros, junto con todas aquellas cargas de los que habían confiado en él. Al instante mi acompañante no invitada, se despidió, y no la volví a ver. Mi mente se despejó, tampoco tenía esos estorbos en los ojos, que no permitían ver con claridad. Y mayor fue mi sorpresa cuando descubrí la verdad: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 1 Pedro 5:10. Todo eso fue por mí, mi hija no tenía que ver en este asunto, era yo la que tenía que cambiar, era yo la que tenía que responder a Dios y ser perfeccionada, afirmada, fortalecida y establecida en Jesucristo. Y cuando yo cambié, todo a mi alrededor cambio, no por arte de magia, sino por el gran poder de Dios.
2 Corintios 4:16-18, Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Foto: Blog Sawebsos

1 comentario :

Carlos Leon dijo...

el asunto no es si Dios cuida de nosotros si Él desea ser nuestro "portador de cargas”, sino si somos humildes para permitir que Él cargue nuestras ansiedades en todo tiempo.
si quieres saber mas mira este video (copia y pega este link en tu navegador)
http://youtu.be/Ny6O50UjvVA